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AL
MERCADO
Cuando era pequeño me gustaba ir a comprar a los mercados. Recuerdo especialmente
que muchas noches, antes de iniciar el sueño de ir al huerto a segar alfalfa
para llevarla a las vacas, me quedaba, ya en la cama, pensando en las
verduleras.
¡Que
bueno, ir a comprar a los mercados!s!!!
Ahora
me gusta cocinar, no siempre, pero sí cinco o siete veces por semana.
Todos los martes, jueves y viernes voy a comprar al mercado. Primero paso
por la calle Xuclà y compro unos pastelitos muy ricos y con muchas frutas.
Cuando ya los tengo voy a la Boqueria. Voy a una plazoleta, algo decadente,
donde las campesinas y la gente del campo venden lo que han traído de
sus huertos. Yo llevo algunos pastelitos y nos lo pasamos muy bien.
Los caminos que nos llevan al conocimiento son muy diversos y personales,
y podríamos decir que cada cual dispone de pequeños dispositivos intransferibles
que, en un momento dado, se disparan para traspasar la normalidad y facilitarnos
la búsqueda de ciertas cuestiones que nos han quedado ocultas. Estos minúsculos
interruptores están ubicados, seguramente, en algunas neuronas curiosas
que, después de un sueño reparador, olfatean los nuevos códigos y mensajes
exteriores y nos hacen abrir los ojos aún más para buscar con las pupilas
dilatadas, entre la oscuridad, las respuestas más adecuadas.
Así, Lluís, Carles o Jordi se inician en este camino solitario de la mano
de ideas u obsesiones que, con el tiempo, se revelaran como hilos conductores
o herramientas de trabajo. A Lluís le gusta ir a Menorca y pasear. Un
día se quedó contemplando un pozo. Si, un pozo. Aquella noche no pudo
dormir. Empezó a instalar aquel pozo en su habitación y miraba la luz
que provenía de la cocina al otro lado del pasillo donde el grifo iba
goteando. Además del ruido que escuchaba, se preguntaba si aquella agua
iría a parar a su pozo.
¿Es real lo del agua transparente que se podía ver en una cisterna o en
un pozo?
¿Dónde va a parar lo que cae por los desagües, los lavabos y todo lo que
algunas empresas vierten en todas partes?
Bien, pues miraremos las alcantarillas y veremos qué es lo que pasa, como
se recicla y qué es lo que acaba depositándose allí.
Comenzamos a tirar de un débil hilo y acabamos destejiendo la pieza entera.
Así es como desde nuestra individualidad e insignificancia, podemos acceder
a contemplar la mayor de las maravillas. La cosa más pequeña, material
o sin sentido, puede desvelarnos la abstracción más compleja. Entonces,
el inicio, la imagen primera que nos provoca curiosidad, se convierte
en todo un símbolo de la búsqueda, de nuestra vía íntima y personal.
Lluís se quedó desconcertado, salió de la habitación y se fue a la cocina,
observó el jardín oscuro con sus ojos neblinosos y con un nudo en la garganta,
salió de casa guiado por el olor de un montón de abono y se acercó de
nuevo a aquel pozo. Lo rodeó con sus brazos, notó un penetrante olor de
almendras. Olfateando las raíces y la tierra volvió, despacio, al jardín;
la tierra grumosa se había pegado a sus zapatos.
Tuvo que golpearlos uno contra otro, ya en casa, para quitarles la tierra.
La sonrisa era su único aliado y se sorprendió al ver que el pozo ya no
estaba en su habitación, pero que se quedaba con él, con su propia sensibilidad
y en su experiencia.
Carles Poy
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